30 de septiembre de 2010
Hoy tengo ganas de matar a alguien. Esa sensación que te recorre el cuerpo cuando la furia llama a tus puertas como los griegos gritaban ante las murallas de Troya. Un día sales a calle y piensas que nada puede salir mal, pues las cosas ya van peor de lo que pensabas. Entonces recibes un puñalada, pero no del frío acero de un asesino sin alma, sino del mundo contra tu interior, tu propia dignidad. Vivir día a día en esta sociedad basada en reglas de comportamiento hace que tu orgullo se pudra y se corrompa de la misma forma que los pulmones se deshacen al tragar el humo del tabaco.
Dignidad, qué rara suena esa palabra estos días. El vocabulario está plagado de conceptos que han sido utilizados por intelectuales, bien llamados comediantes, desde que el hombre es hombre. Libertad, democracia, independencia, autodeterminación, derecho, dignidad... Rezuman inteligencia por sus bocas llenas de espuma. Ojos desorbitados. Manos inquietas. Remueven papales y lucen un diploma de una prestigiosa universidad, mientras que el Estado les premia con un bonito puesto de funcionario, con el que podrán sonreír y codearse con la alta clase, mientras los perros sebosos suplican un poco de atención.
A veces una bala es la solución más rápida. Basta de actuar con discreción. "No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti" es una advertencia con doble sentido. Eso es algo que ningún concepto de diccionario podrá entender jamás. Hoy no podré matar a nadie. La dualidad me lo impide.
Esa es la diferencia entre la moral de un hombre y la moral de los animales. No existe.
jueves, 30 de septiembre de 2010
martes, 28 de septiembre de 2010
Diario de Avispa - Primera página
29 de septiembre de 2010.
Son las 4 de la mañana. Ojeo páginas de Internet, o al menos lo que llaman la única red de comunicación social libre de ataduras. Los últimos términos redundan en mi cabeza con poderosa ironía. Mientras unos sindicatos nadan en la mugre como una mosca escuálida que se ha quedado sin su porción de estiércol, otros acuden a sus patéticas vidas con la esperanza de crear un futuro basado en mentiras de falsa moral.
La hipocresía no tiene límites. Nunca han habido ataduras, sólo las que el propio hombre construye con la libertad. Llaman acudir a su puesto de trabajo un acto de libertad, pero no son más que perros sebosos que se alimentan de las sobras de la mesa del amo.
Y la mierda que despiden por su culos es la que alimenta a las moscas, el último eslabón de la decadencia. Sindicatos.
Una huelga puede ser secundada o despreciada. Términos de correcto e incorrecto, como máquinas en la cadena de montaje. te cruzas con un bar y escuchas las conversaciones de esos deprimentes ancianos jubilados, que disfrutan de una pensión que sus hijos jamás tendrán. Miro toda esta porquería y una niñata por Facebook me habla sobre moralidad y ética, al tiempo que unos cuantos engendros con aires de superioridad alardean de sus preciosos argumentos correlativos. O lo que es lo mismo: bla, bla, bla.
De pronto el mundo se vuelve ciego, sordo y mudo, y sólo queda la bipolaridad en el desierto. Y yo susurro: que os jodan.
Mañana saldré a la calle. No iré a mi puesto de becario mal parido. Llevo toda mi vida, desde que no era más que un bebé llorón que mama del pecho de una obrera, cumpliendo los objetivos "come bien, estudia, ve a la universidad, trabaja..." Objetivos que ahora cuatro señores con corbata dicen que no sirven de una mierda, porque ya no les queda más sobras en la mesa.
Esta vez los amos no dejarán ni una miga. Las moscas no tienen mierda que chupar, y los perros no saben ladrar. La única esperanza es descubrir que no hay perros que hablan, sólo hombres.
Son las 4 de la mañana. Ojeo páginas de Internet, o al menos lo que llaman la única red de comunicación social libre de ataduras. Los últimos términos redundan en mi cabeza con poderosa ironía. Mientras unos sindicatos nadan en la mugre como una mosca escuálida que se ha quedado sin su porción de estiércol, otros acuden a sus patéticas vidas con la esperanza de crear un futuro basado en mentiras de falsa moral.
La hipocresía no tiene límites. Nunca han habido ataduras, sólo las que el propio hombre construye con la libertad. Llaman acudir a su puesto de trabajo un acto de libertad, pero no son más que perros sebosos que se alimentan de las sobras de la mesa del amo.
Y la mierda que despiden por su culos es la que alimenta a las moscas, el último eslabón de la decadencia. Sindicatos.
Una huelga puede ser secundada o despreciada. Términos de correcto e incorrecto, como máquinas en la cadena de montaje. te cruzas con un bar y escuchas las conversaciones de esos deprimentes ancianos jubilados, que disfrutan de una pensión que sus hijos jamás tendrán. Miro toda esta porquería y una niñata por Facebook me habla sobre moralidad y ética, al tiempo que unos cuantos engendros con aires de superioridad alardean de sus preciosos argumentos correlativos. O lo que es lo mismo: bla, bla, bla.
De pronto el mundo se vuelve ciego, sordo y mudo, y sólo queda la bipolaridad en el desierto. Y yo susurro: que os jodan.
Mañana saldré a la calle. No iré a mi puesto de becario mal parido. Llevo toda mi vida, desde que no era más que un bebé llorón que mama del pecho de una obrera, cumpliendo los objetivos "come bien, estudia, ve a la universidad, trabaja..." Objetivos que ahora cuatro señores con corbata dicen que no sirven de una mierda, porque ya no les queda más sobras en la mesa.
Esta vez los amos no dejarán ni una miga. Las moscas no tienen mierda que chupar, y los perros no saben ladrar. La única esperanza es descubrir que no hay perros que hablan, sólo hombres.
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